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Cuando se trata de amar

 

Afable es el camino y circundante el caminar.

En su cerebro impreciso, en su etéreo cavilar,

miles de palabras quieren explotar.

Mas el nudo de su conciencia no consigue desatar.

Si piensa en ello, peor; no pensar un imposible  cuando se tratar de amar.

Y entre dires y diretes los segundos se hacen años y su carga una lucha en constante dualidad.

Como vientre de alquiler se vende al deseo, al sentimiento agradable de su compañía, a la inviolable atracción de sus cuerpos que se erizan en contacto y lamentan el deseo inacabado.

Moran en sus sueños otras vidas relativas, otros mundos que reales se les hacen placenteros.

Que en sus noches hay más lunas y los soles no se ocultan hasta el día de llorar. Y así resurgen en vena, licuando sus miradas en encuentros siempre cortos y en despedidas siempre eternas, infusiones de moral.

 

DÉJAME ENTRAR

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Envenenadas miradas que nada dicen, solo sienten para vos, no comparten. Fuego helado que incisivo hurga en los cimientos de  una línea que no se ha de rebasar. Desdicha que no compartida enfurece al que no entiende, porque nada sabe de vos.

Entre vientos gélidos supura la mañana. La vieja herida se abre si no curó bien. No ha de servir echar tierra. Hundir la ponzoña en el pozo de la continuidad no ayuda. Cierra en falso, y pronto el veneno que espera la ocasión sabedor de su poder enfermizo y maloliente, desatará la ira de la ignorancia. No la deseada, la impuesta por vos.

Ventilar oscuros pensamientos. Malgastar henchidas palabras sin fundamento; no ves vos por no mirar. Esquivar y esperar merma los cimientos del entendimiento. Dime vos que ocultan tus ojos, de que mal cargan las lágrimas que resbalan por la mejilla de vos en soledad. Rompe el escudo y revela tu cuento por maldito que sea. Un final es un final, para bien y para mal solo augura un comienzo. Otra oportunidad.

COMPRENSIÓN

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Os alejabais vos de mí y me crecía en la seguridad de mi saber. No descubrí, pues obtuso me hallaba, la inusitada ventaja que mis palabras suponían en vos.

Seguro de nada, descubrí el error en mi versión. Bastó una opinión de género opuesto para descubrir el quid del desencuentro. Vencí la opacidad que cegaba mi razón y entonces sí, seguro de mí, despejé el muro de lo inadmisible y navegué sobre la ola del entendimiento por vos.

Querer sin barreras nunca fue fácil, nadie dijo que lo fuera. Ser quien fui, es solo la mitad. Vos, la otra; tan legítima como mi supuesta e ineludible conciencia.

No es óbice para practicar la paciencia no compartir pensamiento. Ahora transijo en la certeza de que nadie posee la verdad absoluta; ni vos, ni yo. Me afianzo aprendiendo desde la comprensión hacia un mundo mejor con lo que quiero y por lo que me hace grande, feliz, libre… VOS.

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DULCE NO

-¡No!- Dicen sus labios, finos, sutiles; pero los ojos de vos traicionan la razón y vierten sobre mi miradas de afirmación incierta pero deseada.
Vos sonríes. El mejor arma de seducción que apenas vos empleas, pues la mente de vos divaga demasiado en otros lares, tan cercanos, tan lejanos como quieras permitir.
Como un adolescente beso a vos en los labios; huidizo, inseguro de su reacción, pero anhelando el aliento de vos, sus delicadas caricias. De nuevo el –no-, pero más débil, ingrávido, abatido ya por el hechizo embriagador del licor que adereza el menú de una noche inusual, inesperada.
Vos me abrazáis entregada; evitáis así mi boca, tan cercana hoy, nadie sabe mañana…
La razón y el corazón se baten a duelo con balas dulces como caramelos y pistolas que disparan fuegos artificiales; quizá fuera el deseo o el halago, el mimo, la caricia, la noche desvelada; tu traicionera mirada.19082007596

EN TUS OJOS

Miro a vos y me veo reflejado en sus pupilas. Midriáticas todo lo ven. La complicidad todo lo invade y crece en vos la gratitud. El vínculo crece día a día en un hilo resistente e interminable; pero un hilo al fin.
Como un pez en una botella giro sin salida en su humor acuoso, tan cerca de vos y sin miedo a nada. Es su iris un papiro por descifrar; un enigma al alcance de muy pocos; pues solo vos miráis de frente cuando lo que hay que ver lo merece. Con un pestañeo vos vacías la impertinencia en el ojo ajeno, el impropio, el osado buscador de debilidades en miradas escapistas y desorientadas.
Las insinuaciones de vos, de un cristalino virtuoso e inmaculado, se graban a fuego en mi retina.
Lloro si no veo los ojos de vos; mi morada en noches oscuras, de cegados pensamientos, de fugaces miradas…19082007596

MIRADAS FURTIVAS

Los ojos de vos, encendidos, irradian verdad. Vos habláis, hasta mentís con un gesto, un parpadeo tramposo que me lleva hacia la locura.

Vos dices e inventas en un resurgir de mudas palabras, con sonrisas envueltas en mil esencias capaces de embaucar al mismísimo diablo. Pero tu mirada confiesa implacable con la sinceridad de un niño.

Vos os envolvéis en túnicas transparentes que no ocultan ni la verdad de tu piel ni el sabor de tus pasos descalzos en la mañana. La brisa se aparta, rehúye de vos sabedora de tu calor; implacable, destronas al sol en el ocaso.

Respiro, busco el aire que llene mis pulmones vacios de vos, del aliento del despertar, del asedio de mis noches sin vos.

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Vos, siempre vos…

DESPERTAR

El viento invernal empuja con violencia la persiana cerrada de su habitación. Abre un ojo, no del todo, aún dudoso por querer despertar. Tras las varillas de la persiana la luz incide con fuerza, curiosa y atrevida. Bien entrada la mañana comienza a desperezarse. A su vera, vos. Desprendes calor, conseguido bajo manta y edredón de plumas que dejan ver tan sólo tu cara sonrosada y feliz. Todos lo somos durmiendo; al menos lo parecemos. Tímidamente se acerca buscando tu calor. En posición fetal, uno tras otro; en un cuarenta y cuatro Picassiano.  Encajadas las piezas de este sutil “tetris” te acaricia la cara. Escucha tu respiración, acompasada, rítmica. Besa a vos tiernamente en los labios. Vos fingís que el sueño aún os domina y abrís los labios sutilmente, humedeciéndolos. Su mano izquierda acaricia dulcemente tu espalda, desliza su dedo corazón sobre tu columna vertebral. A vos, el escaso bello de vuestra piel se os eriza irremediablemente. Su mano derecha, bajo la cara, sobre la almohada común. No deja de observarte con amor, con pasión, feliz por despertar de nuevo a tu lado. Sus caricias continúan, resbalando sus dedos por tu cadera, tus piernas, hasta los tobillos. Vos no podéis reprimir más la satisfacción que os produce tal despertar. Elegantemente vos giráis despacio para no abandonar ni por un instante la sensibilidad del momento. Estirada, giras levemente la cabeza a tu derecha, no quieres que vea como sonríes consciente de lo que estar por venir. Su dedo índice resbala por tu mejilla, tu cuello, centímetro a centímetro vaga por el hueco tal sensual debajo de tus clavículas, desciende sobre el canal de tus senos, no se entretiene en ellos, aún no toca. El ombligo pone fin a la pasividad corporal por parte de vos. Guías con maestría su mano por tu entrepierna. Ambas respiraciones se aceleran descontroladas. El deseo se abre camino sin control. Vuestras piernas entrelazadas se acarician entre sí. Ahora sí, tus pechos cobran protagonismo. Durante unos minutos no parece haber nada más. Besa una y otra vez los pezones mientras masajea con delicadeza extrema el resto, sumido en un placer indescriptible. Vos arqueáis la columna. El fuego os recorre por completo. Sobran la manta y el edredón. Se coloca encima de vos. Agradeces el gesto y le abrazas fuerte para sentir los músculos de su espalda tensos, preparados. Os miráis fijamente, no importa el día ni la hora, todo es indiferente. Segundos después la pasión se abre camino sin más dilación en un baile díscolo y personal. Sois uno, él y vos.

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TE BUSCO

Y así, en la distancia, vago entre sombras. Aturdido, te busco en todas direcciones. Creo volverme loco. No sé dónde estoy; giro sin parar. La cabeza me estalla. Mis manos, como atadas, no me obedecen. Me diluyo entre nubes blancas que me abruman. Me atrapan. Mi angustia crece hasta no poder soportarlo más. Grito en la oscuridad más absoluta. Decepcionado y agotado te extraño. Mi vida expira como un montón de arena en un desierto soplado por un viento traidor. Un precipicio se abre ante mis pies. No hay salida. ¿Dónde estás amor?

¡Espera! ¡Hay algo! Sí, lo hay. Intento acercarme; de repente floto. ¡Te oigo, amor te oigo! ¡Estoy aquí! ¡Aquí! Por fin te acercas; cojo tu mano, la que tantas veces calmó mis nervios; es tu cálida sonrisa; sí, eres tú al fin. Me alivia. Estás aquí, por fin. A tu vera despierto, en paz. Hay luz y es maravillosa. Eres tú,  mi luz, mi guía, mi camino… Por fin despierto.

 

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