UN MAL DÍA

Distorsión del razonamiento en voces vacías de contenido y repletas de improperios; producto del odio embrujado por la desconfianza adquirida; recuerdos carcomidos y podridas teorías de conspiraciones inexistentes en sus mentes desatadas por la gota que colmó el vaso.

Moisés se desespera cuando la discusión se apodera del tiempo en una tarde que anuncia el otoño que ya llega. Mira a Irene, que bañada en desasosiego, reproduce, intentando contener la ira, lo que su cerebro ha concluido tras años de malos entendidos, reacciones erróneas y falta de confianza.

Ambos intentan no perder la compostura, pero no es fácil. Moisés sufre un nuevo “deja vu” de asuntos que a priori ya debieron ser sepultados años atrás. De hecho, ni siquiera recuerda de lo que habla Irene. Más propio de su personalidad, en su afán de sonreír a la vida, optimista  da por zanjados lo problemas que en su momento se tratan y borra los datos de su tarjeta de memoria cerebral. Pero Irene parece no pasar página nunca, y anclada en sus razonamientos no cede ante argumentos más que clarificadores; al menos, eso `piensa Moisés.

Irene, montada a caballo en su verdad verdadera, hoy parece escuchar a Moisés, al menos eso quiere creer. Ambos se acusan, reprochan y concluyen dispares realidades.

Ofuscado Moisés la mira confuso. La quiere. De eso no hay duda. Pero cada día crece el desequilibrio en una balanza que hasta ahora ha conseguido mantenerse equitativa. E intenta averiguar si las cosas que los unen, son meritorias de continuar ante las que los separa.

Irene, convencida de que Moisés es el hombre de su vida, teme violentar demasiado las cosas y que su chico se rinda un día ante las adversidades.

Ante encontronazos inevitables; familia, amigos, trabajo…_Nadie dijo nunca que fuera fácil_, revolotean ideas de liberación que solo se inhiben por una relación que tras diez años de alegrías y penas, se ha consolidado con esfuerzo de ambas partes.

Moisés observa por la ventana cúmulos nubosos que se concentran anunciando una tormenta por llegar, y teme que algún día, tras ella, no llegue la calma.

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