ROCA Y HUMO

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Como era de esperar, el planeta cedió resignado a la avaricia desmedida del ser humano. La atmósfera fue contaminada, como la mayor parte del agua; la deforestación era un hecho irreversible. La matanza indiscriminada de animales provocó la extinción de millones de especies. Todo esto, inexorablemente, terminó convirtiendo a  la Tierra en un vertedero impracticable y desolador a pesar de las advertencias constantes de los científicos que, desesperados por la sinrazón de los poderosos, desistieron preparándose para lo peor.

Año 2033

África se encontraba reunida con Giuseppe en la Plaza de España de Roma. Las altas horas de la madrugada aseguraban la intimidad que precisaban para repasar los planes de actuación para los próximos días. Setenta organizaciones no gubernamentales de todo el planeta habían conseguido burlar los servicios de información e inteligencia de los países más poderosos del mundo. China, EEUU, Rusia, Alemania y Arabia controlaban la totalidad de la población mundial. El capitalismo se apoderó de la conciencia de los hombres y, obligados a consumir, por necesidades creadas para ello, el pueblo, ciego, rindió pleitesía ante el miedo a la exclusión social y el apaleamiento en la red, el arma más poderosa de destrucción masiva de conciencias del siglo XXI. Las fronteras se modificaron al antojo de las grandes compañías. El reparto del poder se protegió por la Ley Universal, con el respaldo del mayor ejército de la humanidad, compuesto por militares de los cinco países. El núcleo económico se denominaba Capitalia y estaba compuesto por el presidente de cada país. Ubicado en  Washington y a cientos de metros de profundidad, su ordenador central era con mucho lo más protegido del planeta. Su guarda y custodia eran competencia de Los Únicos;  agentes especiales preparados y entrenados para matar sin piedad, como auténticos autómatas. Se repartieron el pastel y apenas quedaban migajas para los que, con criterio, intentaban mantenerse ajenos al nuevo mundo. Aislados en guetos malvivían por negarse a formar parte de la nueva era, la del consumismo necesario. Tratados como desarrapados, no eran molestados si no planteaban un problema o intentaban sublevarse.

Giuseppe, analista de redes, usaba como tapadera su trabajo en la antigua Italia, ahora territorio de Alemania del Este. Únicamente existían cinco empresas donde trabajar, una por cada país. Toda la humanidad trabajaba para estas cinco empresas que controlaban absolutamente toda la economía del mundo y, por ende, el destino de los pueblos y las cinco naciones.

                                      -¿Has conseguido comunicarte con Jasón?- África no se andaba con rodeos.- Es fundamental que nos confirme la transacción.

                               -Tranquila África. Todo va a ir bien. Estoy seguro.-Giuseppe se apoyó en el respaldo y con su mejor sonrisa intentó calmar los nervios de su compañera y amiga.-Jasón es un portento de las nuevas tecnologías. Si alguien puede lograr que se mueva dinero sin ser detectado por los avanzados medios de la fiscalía universal, es él.

                               -Bien.-África respiró hondo y continuó.- Repasemos el plan.-Reclamó la atención de su colaborador con una mirada intensa que se incrustó en los pequeños y azules ojos de Giuseppe. En cuanto tengas la confirmación de Jasón daré la orden y la web comenzará a funcionar. En cuestión de horas todas las organizaciones afines se volcarán en difundir y compartir los datos de la web. Esperemos que todo el trabajo de concienciación no caiga en saco rato. La situación económica en muy delicada, y aunque sea poco dinero, la gente tendrá miedo de ser investigada y descubierta. Pero con muy poco de millares de personas, lograremos la cantidad exigida por ese bastardo para neutralizar Capitalia para siempre.  Para cuando esos malditos agentes de la Ley Universal se quieran dar cuenta, las transferencias protegidas por Jasón ya habrán cambiado de manos. El dinero recaudado será más que suficiente para lograr nuestros objetivos. Conseguir acceder a la base central de Capitalia y aniquilar su sistema con dosis generosas de nanotecnología de la más destructiva.-No pudo evitar sonreír maliciosamente.- Ha llegado su hora.

                                            -Quizá tengamos una oportunidad.- Giuseppe más que hablar parecía soñar en voz alta.- Administrar los pocos recursos naturales restantes, recuperar la Ley de Reciclaje derogada y encender las plantas desalinadoras en todas las costas puede ser solo el principio…

                               -¿Has oído algo más sobre la base espacial? – Interrumpió África conocedora de antemano del discurso de Giuseppe.

      Éste sonrió de nuevo comprensivo. África era joven, muy impaciente e impulsiva y lo quería todo, y lo quería para “ya”.

                                       -Nada nuevo. Son solo rumores. Nadie sabe del tema más que tú o que yo. ¿De veras crees que el nuevo mundo está en esa supuesta base espacial? ¿Y qué harán con el resto de la humanidad?- Se encogió de hombros.- ¿Abandonarnos para dejarnos morir de hambre o consumidos por la contaminación? Es demasiado cruel hasta para los canallas de Capitalia. Nos necesitan como mano de obra. Ya sabes…Sin pobres, no hay ricos.

      África quedó pensativa. Su mirada se perdió en un cielo gris. Años atrás los pájaros sobrevolaban a todas horas la emblemática Plaza de España.

                                      -No me fio de esa gente. De todos modos ahora hemos de estar concentrados en el sabotaje de Capitalia. Millones de personas contribuirán con lo que buenamente puedan…Por cierto, ¿Cómo la llamaremos finalmente?

                                      -La  web Se llamará “Hope”, esperanza en inglés.-Contestó Giuseppe, sabedor de que sería del agrado de África.

                                       -¡Me encanta! Llevamos meses concienciando y estoy segura de que nuestra gente reaccionará.

                                     -Una pregunta, África. Finalmente, ¿cómo conseguiste el dinero para que Jasón decidiera implicarse y colaborar?

                                     -Preguntas demasiado.-Bromeó África.- Si no lo sabes y te cogieran, jamás podrías confesarlo. Es mejor así, créeme. Hay buena gente a la que quiero metida en todo esto.

Se levantó y se despidió de su amigo con un beso en la mejilla. Segundos después se perdía en la oscuridad por la Vía Borgognona.

_El dinero, siempre el dinero_ Se lamentaba África mientras caminaba hacia su domicilio. Andrey, un funcionario corrupto de Capitalia sería el encargado de practicar el sabotaje a cambio de una considerable suma como pago. Él informó del único modo de destruir el sistema e inutilizarlo para siempre, pero todo lo que solicitó para ello exigía una cuantiosa cantidad de dinero, y todas las organizaciones llevaban años esforzándose y privándose de bienes esenciales para conseguir este propósito, aunque solo sabían el plan completo cinco personas: Jasón, Andrey, Giuseppe, el hermano de África y ella misma; aquellas que sufrían salvajemente viendo desvanecerse el planeta y su libertad con él. Al menos en esta ocasión el dinero serviría a una buena causa. Temió equivocarse. No podría soportar el fracaso y volver a empezar en una lucha contra reloj donde la vida humana, animal y vegetal, ahora en segundo plano, desaparecía para siempre. No quería ver como las generaciones venideras se alimentaban de compuestos químicos sustitutivos, bebían néctares transgénicos creados en laboratorios y derramaban sus vidas trabajando catorce horas diarias para enriquecer a los poderosos. Aceleró el paso intentando huir de sus propios pensamientos.

Tres semanas después.

El plan funcionó a la perfección. Jasón cumplió eficazmente con su trabajo y el ingreso  fue recibido por Andrey, el funcionario corrupto que en la clandestinidad fabricó el engendro informático que derribaría las barreras de seguridad de Capitalia. Las personas responsables de la distribución se dejaron la piel  día y noche difundiendo la página web, camuflada como ONG destinada a la protección de los menores por toda la red a nivel mundial. Una única cuenta protegida por Jasón recibió todo el capital de las transferencias en cuarenta y ocho horas. La huella digital era el único modo de pago desde el año 2021, por lo que absolutamente cada abono o cobro de cualquier ciudadano era controlado por el Estado. Una cuarta parte la recibió Andrey como pago por su traición, el resto para costear el arma nanotecnológica más poderosa jamás creada.

Andrey caminaba nervioso por las calles de Washington. En un maletín metálico portaba la cápsula con el  arma tecnológica capaz de invalidad Capitalia, y, con ello, devolver la esperanza a un pueblo que despierto y horrorizado por el transcurrir de las última décadas, confiaba en un plan aún por descifrar. África supervisaba personalmente toda la operación. Como estaba previsto, los servicios de inteligencia cerraron la web en setenta y dos horas; pero el dinero, imposible de recuperar, gracias a la habilidad de Jasón, se encontraba ya en las manos correspondientes.

Se dirigió a Capitalia, a su puesto de trabajo, como hacía cada día. Su pulgar posado sobre una pantalla digital le autorizó el paso. No solo detectaba su huella dactilar, también su grupo sanguíneo y ADN. Un ascensor cilíndrico, metálico, con capacidad para un solo ocupante, tardó seis segundos en  desplazarse hasta la planta dieciséis en el subsuelo de la ciudad, donde se ubicaba la Unidad Central del Sistema. Su labor consistía en comprobar su perfecto funcionamiento con test continuados al alcance de una solo persona, él.

Sudor frío resbalaba por las mejillas de sus regordetes mofletes. Consultó la hora en sus lentes ópticas. «A las ocho en punto de la mañana». África había sido tajante. La mano tembló al conectar la cápsula. Un sentimiento de culpabilidad infinito recorrió el cuerpo de Andrey que creyó perder el sentido. En pocos segundos la operación habría terminado.

Los cinco Estados, por imposición de Capitalia, exigieron el toque de queda mundial que se ejecutó de inmediato. El ejército ocupó las calles de las principales ciudades y el terror se extendió por todo el mundo. África, sin embargo, descorchó una botella de Champagne que guardaba desde hacía años para una ocasión como ésta. Se sentó junto al proyector 3D ansiando escuchar el mensaje de  los Jefes de los Estados. Ver sus caras palidecer habría sido un placer indescriptible.

Alguien llamó a la puerta. Sorprendida consultó su video portero. Era Giuseppe. Lo recibió con un abrazo y una sonrisa.

                               -Llegas a tiempo. Te traeré una copa.

Giuseppe permanecía serio y aparentemente tranquilo. En cuestión de minutos, a través del proyector, los cinco representantes expondrían la nueva situación.

                               -No tendrán más remedio que claudicar y escucharnos.- África se encontraba insultante.- Por cierto, ¿cómo has burlado el toque de queda?- Lo dijo mientras tomaba asiento e invitaba a su amigo a hacer lo propio.

                               -Te lo diré.-Giuseppe no perdía la compostura.

Se incorporó hasta posicionarse detrás de África posando con delicadeza las manos sobre los descubiertos hombros de África. Ella se relajó ante el suave masaje de su amigo y compañero de batallas. Pero algo presionó su cuello y perdió la conciencia sin tiempo para reaccionar.

Cuando despertó comprobó aturdida que compartía habitáculo con los representantes de las organizaciones implicadas en el sabotaje a Capitalia. A su lado, su hermano. Cerca de cien personas implicadas en mayor o menor medida en un plan elaborado durante años eran retenidas allí y nada auspiciaba que fuera con buen fin. Las personas que lideraban la operación, a excepción de Giuseppe y Andrey la miraban consternados. Un holograma fue configurándose en el centro de la extraña habitación hasta mostrar una imagen desoladora. Andrey, con cara de circunstancia y Giuseppe que sonreía ladino.

                               -Muchas gracias.- Comenzó hablando Giuseppe.- Habéis sido realmente eficaces. Vuestra dedicación y entusiasmo son admirables y siempre quedaran en nuestro recuerdo. Especialmente a ti, África.  Tu devoción y humanidad no tienen parangón. Una lástima que no valiera para nada.- Ahora su expresión se tornó seria elevando su tono de voz. ¡¿De verás creías insensata cretina que podríais burlar nuestros servicios de inteligencia contratando a Jasón?! Sabíamos de su trabajo desde hacía años. Gracias a él hemos desarticulado cientos de intentos de boicots de todo tipo.- Miró a su derecha donde Andrey se mostraba cariacontecido, tras una breve pausa prosiguió.- No creo que pueda nunca más incomodarnos con sus jueguecitos informáticos. Sin manos es más complicado. Andrey.- Lo Nombró dándole la palabra.

                        -A pesar de los impuestos, que sí son abusivos, y de exprimiros hasta la saciedad, encontrasteis la manera de que millones de personas colaboraran voluntariamente con el proyecto. He de darte, bueno, daros las gracias, pues todos vosotros sois partícipes de tan emblemático plan. Necesitábamos una última inyección de capital extra para culminar nuestro mayor proyecto: Salvación. La cápsula que inserté contenía los datos personales y fiscales de todas las personas que han colaborado en mayor o menor medida en el sabotaje. Lo siento, pero tengo familia y no tuve elección.-Su último comentario provocó una mirada airada de Giuseppe que no lo dejó continuar.

África no daba crédito a lo que sus llorosos ojos negros como el carbón veían y entre sollozos podía escuchar. No era posible que Andrey y, sobre todo Giuseppe, íntimo amigo desde hacía más de tres años, trabajasen para Capitalia. _ ¡¿Cómo no lo vi?!_ Se lamentaba. Pero la respuesta era obvia, no pudo evitar enamorarse hasta la médula de ese hombre. Apuesto, detallista, valiente y comprometido con la causa.

                       -Gracias a Jasón y a todos vosotros.-Continuó Giuseppe.-Hemos recibido más dinero del esperado y la base espacial estará lista en dos semanas.

África abrió tanto los ojos que podrían haberse salido de sus órbitas.

       -Sí, África sí. Tus dudas eran más que razonables. La vida en la tierra terminará a finales de año. En poco más de cinco meses este planeta será roca y humo. Nos trasladamos a Salvación donde podremos continuar existiendo. Eso sí, vosotros habéis tenido suerte. Sois los elegidos. Viajareis con nosotros.-Todos los que escuchaban departían y maldecían cuanto oían vomitando palabras de odio primero y de desolación después. Alguno se arrodillaba desesperado sobre el plateado suelo metálico de la estancia.-Necesitamos mano de obra. Las instalaciones necesitan mantenimiento, limpieza, fabricación a pequeña escala, servicios, etc. Vosotros seréis nuestros trabajadores. A cambio se os permitirá vivir. El resto de habitantes del planeta morirá irremediablemente en tu querido mundo.

Quedaron en silencio cuando ambos portavoces se esfumaron. Los compañeros de África fueron rodeándola buscando una respuesta en ella, unas palabras alentadoras, una pizca de esperanza. Ella, en el centro de un extraño círculo de confianza, susurrando, comenzó a repetir incesablemente tres palabras:

-Roca y humo, roca y humo, roca y humo…

 

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