Archivo de la categoría: ELUCUBRACIONES

LECTURAS DE VIDA

toma yaDenostadas sensaciones contradictorias en versos anodinos e intangibles. Fracturas etéreas que amilanan los excéntricos sonidos de mis letras en cada renglón de mi versado diario.
En la cima de la cresta de cada hoja, repaso mi vida ortográficamente, y, como cuando rectifico mis manuscritos, faltas escondidas se cobijan y me evitan. Se guardan un sutil y enigmático as en la manga que solo aflora cuando meses después, de nuevo, me releo con la mente despejada y la mirada serena.

DESACUERDOS

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Disparidad de opiniones; alardes incongruentes. Decepcionantes comportamientos de unos, otros y propios. Debacles verbales en defensa de provocaciones que no son. Malentendidos en maletas cerradas; la llave, en lo más hondo de tristes corazones que, panza arriba, batallan por mantenerse en pie. Miradas que hablan por sí solas reflejan cristalinas la sombra del dolor y los resquicios de amargas vidas, aún desvanecidas. Seguir leyendo DESACUERDOS

¿AGNÓSTICO?

19082007596Siempre creí ser agnóstico, pero con el tiempo y debido a la gran variedad de acepciones añadidas en los últimos años, creo que la respuesta radica en cómo definamos a Dios.

Desde que el biólogo inglés Thomas Henry Huxley usara el término “agnóstico” por primera vez en 1869, nuevas tendencias invitan a moderar o radicalizar su significado y ninguna de ellas termina de definirlo con claridad meridiana como para sentirme identificado por completo. En sentido estricto, sería la postura filosófica que afirma que la humanidad carece de los fundamentos racionales necesarios para justificar cualquier creencia sobre si Dios existe o no. Una persona que se defina agnóstica, no tendría opinión sobre ello, y claro, en esto no puedo dar mi conformidad.
Debido a mi constante devaneo mental ante la existencia de un Dios, la ciencia y la fe combaten en el ring de mi entendimiento desde que disfruto de uso de razón. Cientos de charlas sobre el tema; primero con mi padre, otro pensador incansable, y luego con el resto de mi familia o amigos que padecen también este extraño síndrome de la búsqueda de respuestas, se han conjeturado en opiniones variopintas sujetas por hilos de seda en teorías difíciles de demostrar; muchas de ellas en hilarantes conversaciones bajo millones de estrellas en la cima de cualquier montaña; como para no hacerse preguntas.
Consciente de que por naturaleza somos falibles, cualquier elucubración al respecto no se alejará jamás de la duda razonable.
Centrémonos. La R.A.E. define a Dios como un ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo, o bien, deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones. Bien, desde el momento que hablemos de “un ser” todopoderoso, la idea de Dios se aleja bastante de lo que para mí podría definirse como un todo, más creíble y científico sin alejarse demasiado de la fe.
Creo que la teoría de un todo del que formamos parte, considera a Dios la totalidad de lo material e inmaterial; desde la partícula más pequeña, hasta la mayor de las galaxias, pero también toda energía o manifestación de la misma que dirige el rumbo de un universo que gira y coexiste (al parecer en continua expansión) en una extraña armonía que consolida los cimientos de una existencia tan descomunal como incomprensible para nuestras limitadas mentes. ¿Se sostiene? Otra cosa es, que el hombre necesite humanizar de alguna manera esta creencia, dotándola de personalidad propia y convirtiéndola en hacedora de lo bueno y lo malo como respuesta a todas las preguntas sin resolver. De nuevo mirándonos el ombligo y creyéndonos únicos y sobre todo protagonistas en nuestro minúsculo planeta, que gira como otros miles de millones alrededor de estrellas en innumerables sistemas solares y galaxias a lo largo y ancho de un universo al que ni se nos antoja admisible encontrar un fin.

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Algo tengo claro, y es que respeto la fe inherente al ser humano, pues de ella depende nuestra estabilidad emocional; es el precio que debemos pagar por ser conscientes de nuestra existencia. Entonces, si hay personas que prefieren no hacerse preguntas y vuelcan su fe en diferentes tendencias religiosas, dando así cobijo a sus temores; mis respetos. Si hablamos de amor, del bien por encima del mal, del karma, de un crecimiento espiritualidad como meta, de encontrar la luz, la verdad; mis respetos. Pero si convertimos las religiones en métodos de control, gestión de poblaciones, manipulación de masas, guerras, conflictos o adoctrinamientos radicales, pierden toda su fascinación y credibilidad, porque estas versiones son interpretaciones humanas envenenadas por el poder y la avaricia que sólo el hombre es capaz de despertar. Está tan lejos de ese todo del que vengo hablando, que Dios pierde su significado por completo, diluyéndose en arcaicos defectos humanos, tan imperfectos y dotados de taras, que sume las religiones en el pozo de la ignorancia y la involución.
La ciencia no se alejaría tanto de la fe, si las religiones no se empeñaran en ser únicas e irrefutables. Si tomáramos conciencia de ser un pedacito de la creación, una ínfima parte del intercambio molecular a una escala imposible y en un espacio y tiempo por determinar…
El ostracismo mental solo nos lleva a la desidia por saber y avanzar en la búsqueda de cuestiones vitales para entender la vida y el hueco que ocupamos en ella.
Termino con la respuesta que dio el mismo Thomas Henry a la pregunta que formuló el obispo de Oxford Samuel Wilberforce en uno de los primeros debates de relevancia en 1860 sobre la evolución de las especies intentando ridiculizar sus teorías: ¿es usted heredero del mono de manera paterna o materna?
He aquí la réplica:
«Si tuviera que elegir por antepasado, entre un pobre mono y un hombre magníficamente dotado por la naturaleza y de gran influencia, que utiliza sus dones para ridiculizar una discusión científica y para desacreditar a quienes buscaran humildemente la verdad, preferiría descender del mono.»
Thomas Henry Huxley

LA DOCTORA

19082007596Abatida, vierte su refresco en un vaso de cristal ajado y rallado de tanto uso. Una mueca burlona, sarcástica, se dibuja en su rostro. Jóvenes residentes almuerzan en la cafetería ajenos a ella.
Carla recuerda nostálgica su juventud. Precoz y obstinada, su única meta era convertirse en la mejor neurocirujana de su hospital. En la actualidad es la jefa de su unidad, lo que siempre deseó. Seguir leyendo LA DOCTORA

DEMASIADA CASUALIDAD

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Dar sentido a la verdad es justificar nuestros razonamientos, y sin ellos no somos nada; tan subjetivos son mis pensamientos como cuestionables. Hablo de percepción, del concepto, que de por sí es intangible. Así cada uno de nosotros damos forma a lo que por los sentidos nos llega. ¿Cómo valorar lo que es real o no? Y… ¿por qué lo ha de ser para los demás?

Sí, ya sé, cuando me da por filosofar…Pero es que me pierdo en pensamientos que no sé si de verdad importan. Si son mera química neuronal o fundamentos por encima de lo aprendido, lo conductual o emotivo.

Cuando veo luz en el sentido de la vida, siempre la ciencia tira por tierra cualquier atisbo de lo sobrenatural, sin embargo creo.

Creo que la casualidad no existe. Y quién soy yo para llevar la contraria al más emblemático de los científicos de nuestro tiempo, Stephen Hawking; el cual  manifiesta que somos producto prácticamente de la casualidad, de un compendio de sucesos que se han ido fraguando hasta completar el universo tal y como lo conocemos (bastante poco, por cierto).  Pero…

Creo que por encima del ego inherente al ser humano y, nuestro empeño por justificar nuestra existencia por encima de lo estrictamente tangible, (polvo al polvo), es al menos sospechoso la cantidad de sucesos y acontecimientos a lo largo de la historia de nuestro universo, galaxia, sistema solar, planeta y, sobre todo del ser humano, como para creer únicamente que todo es fruto de las mera casualidad. Y así…

Creo que hay algo más, y lo digo con la boca pequeña, como si una mano enorme encima de mí amenazara con soltarme un sopapo por salirme de lo pragmático e incurrir en lo espiritual. Pero si me alejo de la idea de que el amor todo lo puede, que la felicidad es alcanzable cuando nos sacudimos la caspa del poder o de la ambición desmedida, y no nos centramos en dar sin esperar nada a cambio o amar por encima de todas las cosas, es entonces cuando de verdad mi vida estaría vacía; tan banal como todo lo material, tan triste como la soledad del hombre más rico, tan rico, que solo tiene dinero.  Las utopías son posibles, por ello…

Creo en algo inmenso, en diferentes dimensiones, en un equilibrio universal del que formamos parte, de un todo tan descomunal y espectacular, que me cuesta creer que hablemos de casualidades.

A ese algo llamadlo dios y, aquí me mojo, en esto creo. En un equilibrio universal del que formamos parte y al que debemos, al menos, el beneficio de la duda.

 

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VIAJANDO AL FUTURO

 

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Los últimos descubrimientos desvelados por el observatorio hispano.alemán en Calar Alto (Almería) le hacen a uno reflexionar.

Ya es oficial, y así se publicará próximamente en la prestigiosa revista Astronomy & Astrophysics Letters. El primer exoplaneta (planeta que no gira en torno a nuestro sol) descubierto; por desgracia moribundo y denominado Klepler-91b, cuya masa es ligeramente inferior a la de Júpiter, disfruta de sus últimos días de existencia a punto de ser engullido por su sol, ahora convertido en Gigante Roja.

 

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Tras finalizar las discrepancias surgidas entre investigadores, gracias a la “técnica de la velocidad radial” (no seré yo quien explique tal técnica), al parecer, ya no cabe duda alguna.

Sabemos que existen cientos de millones de estrellas en nuestra galaxia y miles de millones de galaxias, por lo que el número de exoplanetas que existen es innumerable y, para uno que se logra encontrar, se muere.

Consciente de que más bien tarde que temprano, nuestra estrella luminosa, sin la cual la vida en nuestro planeta no existiría, acabará por convertirse en Gigante Roja y, por tanto, atrapará en su crecimiento exponencial sin resistencia alguna a todos los planetas de nuestro sistema solar, sin excepción; obtenemos una visión clara y detallada de lo que nos depara el futuro.

Tardaremos más en obtener respuesta a otra de las enigmáticas preguntas  que la humanidad se plantea desde tiempos inmemoriales: ¿de dónde venimos?

Hacia dónde vamos empieza a estar más que claro; y no me refiero a nosotros como especie, pues ahora sí, más antes que después, ya sea por la siguiente glaciación o por nuestra enorme capacidad para auto-destruirnos , no tendremos tiempo de sufrir tal desenlace.

Conformémonos pues con disfrutar del lapsus inapreciable de vida que brincamos por nuestro precioso planeta e intentemos cuidarlo mientras dure. Soñemos pues, que los que nos sigan, hagan lo propio.

Se da uno cuenta de lo insignificantes que podemos llegar a ser y lo afortunados que somos.

http://www.20minutos.es/noticia/2212369/0/investigacion/kepler-91b/exoplaneta/

 

Y después…

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Hoy conversaba con mi compañero de trabajo sobre la existencia de algo más, de una vida detrás de la muerte. Aseguraba desde el punto de vista más científico posible que nada puede haber. Como buen médico, aludía a cuestiones científicas indiscutibles sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. Los intercambios químicos y eléctricos que sufren las neuronas en nuestro cerebro son una vez más la respuesta a todas las dudas sobre posibles experiencias paranormales, contactos con seres de luz, etc. Que buscamos en la inseguridad de nuestra existencia justificaciones para no caminar por el sendero de nuestra corta vida con la certeza de que no hay nada más. Situación que, emocionalmente, nos impediría mantener la cordura necesaria para afrontar el día a día con esperanza, ilusión o planes de futuro. Más o menos el creer en algo, tener fe, sería un método de autodefensa de nuestro propio organismo para resistir una vida con un final predecible y finito. Polvo al polvo.

Me he posicionado, siempre desde el respeto y la transigencia, valorando qué opción podría ser más interesante para dudar de tal afirmación con una argumentación plausible. Le he hablado del conjunto, del todo y del uno. Si aparcamos el ego del propio ser humano como único y por ello con derecho a reivindicar, cerca de la elucubración, lo que es o no real, le he invitado a ver a través de un todo común. Creo que debemos una vez más mirar desde lo más alto. Desde cualquier punto lejano de nuestra galaxia sería sencillo cambiar de postura. Si nos paramos a pensar que vivimos en un pequeño planeta entre cien mil millones de estrellas…, me explico: si no somos conscientes de que formamos parte de algo tan inmenso y magnífico, algo tan brutal que a día de hoy nos es imposible imaginar en nuestro limitado conocimiento o capacidad de asimilación, nunca encontraremos respuestas. Para mí formamos parte de una gran cadena hacia la evolución universal y todo, absolutamente todo tiene un por qué. Morirse sería un proceso más, hasta insignificante si me apuráis.
¿Qué hay después? No me preocupa. No me creo imprescindible. Creo que una buena respuesta sería no esperar la muerte como un fin, ni como el principio de otra cosa. Deberíamos vivir buscando lo que interiormente nos dicte nuestra conciencia. A nivel individual el ser humano es increíble. Universalmente un grano de arena en el desierto de la propia existencia. Uno más, pero desierto al fin y al cabo.
Observo a mi compañero y creo adivinar sus pensamientos: Otra amalgama de intercambios químicos entre neuronas.

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CAMBIAR EL MUNDO ES POSIBLE

080320081354Quien no ve porque no mira, no comprende ni encuentra. Sumido en el desconcierto  critica hasta el aire que respira. Cuestión de actitud. Creamos a cada momento situaciones con nuestros actos, palabras, gestos. Cambiar el mundo es posible, cambiando pequeños episodios de nuestra historia, de la que somos protagonistas, de nuestro espacio. Nos rodeamos de quien queremos y con ellos convivimos en mayor o menor armonía, pero sólo depende de nosotros la consecución favorable de nuestras vidas y el significado pleno que ha de tener para cada uno nosotros.

Podemos mirar para otro lado, pero todos sabemos que hay más. Algo que nos empuja a seguir avanzando, luchando por ser mejores y sentirnos mejor.