¿CAMBIAMOS EL CUENTO?

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Erase una vez un bosque repleto de humanas, ogras y gnomas que convivían en paz. Un bravo y caudaloso río atravesaba la extensa arboleda. En sus profundidades, las tres cerditas habían construido un refugio para protegerse de la loba feroz. Se acercaban las navidades y las niñas esperaban ansiosas ver aparecer a las Reinas Magas desde oriente. Un día fantástico para las que se habían portado bien, pues recibirían regalos de toda índole con los que jugar dichosas durante el resto del año.
Antes, el veinticinco de diciembre, como era costumbre, lejos de motivaciones religiosas, Mamá Noelia haría lo propio y las más afortunadas encontrarían en sus calcetines chucherías y presentes varios. Lo que no podían prever es que una gran tormenta provocada por los poderes de la Maga Merlina vendida a Grua, la villana favorita del mal y su ejército de minian sumiría a las habitantes del bosque en un impracticable cenagal de lodo y arenas movedizas. Los pobres camellos(o camellas, no vayamos a ofender a nadie) quedaron atrapados por lo que las niñas de los bosques quedaronse sin ver a sus majestades; eso sí, desde un enorme dirigible, saltando en paracaídas, diferentes grupos de baile multiculturales, seres de todos los cuentos disfrazados con motivos éticos y ecológicos y hasta extraños magos con viandas diseñadas por Ágata Ruiz de la Prada, en un inusual, aunque muy didáctico desfile en la capital del reino, consiguió dejar indiferentes a miles de niñas y a sus madres, perplejas.
FIN

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Me asombra la obsesión por cambiar el género de todo lo masculino con no se qué extraña idea de reivindicación de lo femenino; de ahí el cuento con el que comienza esta entrada. Alguna apuesta feminista, para más inri, muestra hasta qué punto se politiza una festividad como la de los Retes Magos en pos de no sé qué búsqueda de igualdad, cuanto menos irrelevante en tales circunstancias.

Convertir una cabalgata en un referente de cambio ideológico y reivindicación política es algo que los niños no van a comprender; por tanto… ¡A tomar por culo la magia! Como si a los niños les importase mucho si se trata de un país laico, o el sui géneris de los “Reyes magos”. En cientos de años de historia, para una costumbre que no se basa en la matanza indiscriminada de animales y mantiene la inocencia e ilusión de millones de niños, a alguien se le ocurre convertir las cabalgatas en muestras de civismo, bailes multiculturales y un sinfín de guiños a valores éticos y ecológicos; de gran interés, sí, pero en los sistemas educativos (que falta hace) y para muchos adultos; no en la cabalgata de los Reyes Magos.

No debemos confundir ni aunar política y reivindicación con una festividad que, aunque antaño religiosa, ahora se trata de un día por y para los niños. No se merecen la desilusión ni soportar la eterna confusión mental de los adultos.
No seré yo el que defienda los métodos de la iglesia, ni sus ritos; ya me conocéis, pero…

Quede claro que soy defensor y apoyo, como no puede ser de otra manera, la igualdad de derechos entre ambos sexos y la justa inclusión de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad sin prejuicios de ningún tipo; es más, lo defenderé por encima de todo, pero siempre dentro de la coherencia, el sentido común y la lógica.

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