¿AGNÓSTICO?

19082007596Siempre creí ser agnóstico, pero con el tiempo y debido a la gran variedad de acepciones añadidas en los últimos años, creo que la respuesta radica en cómo definamos a Dios.

Desde que el biólogo inglés Thomas Henry Huxley usara el término “agnóstico” por primera vez en 1869, nuevas tendencias invitan a moderar o radicalizar su significado y ninguna de ellas termina de definirlo con claridad meridiana como para sentirme identificado por completo. En sentido estricto, sería la postura filosófica que afirma que la humanidad carece de los fundamentos racionales necesarios para justificar cualquier creencia sobre si Dios existe o no. Una persona que se defina agnóstica, no tendría opinión sobre ello, y claro, en esto no puedo dar mi conformidad.
Debido a mi constante devaneo mental ante la existencia de un Dios, la ciencia y la fe combaten en el ring de mi entendimiento desde que disfruto de uso de razón. Cientos de charlas sobre el tema; primero con mi padre, otro pensador incansable, y luego con el resto de mi familia o amigos que padecen también este extraño síndrome de la búsqueda de respuestas, se han conjeturado en opiniones variopintas sujetas por hilos de seda en teorías difíciles de demostrar; muchas de ellas en hilarantes conversaciones bajo millones de estrellas en la cima de cualquier montaña; como para no hacerse preguntas.
Consciente de que por naturaleza somos falibles, cualquier elucubración al respecto no se alejará jamás de la duda razonable.
Centrémonos. La R.A.E. define a Dios como un ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo, o bien, deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones. Bien, desde el momento que hablemos de “un ser” todopoderoso, la idea de Dios se aleja bastante de lo que para mí podría definirse como un todo, más creíble y científico sin alejarse demasiado de la fe.
Creo que la teoría de un todo del que formamos parte, considera a Dios la totalidad de lo material e inmaterial; desde la partícula más pequeña, hasta la mayor de las galaxias, pero también toda energía o manifestación de la misma que dirige el rumbo de un universo que gira y coexiste (al parecer en continua expansión) en una extraña armonía que consolida los cimientos de una existencia tan descomunal como incomprensible para nuestras limitadas mentes. ¿Se sostiene? Otra cosa es, que el hombre necesite humanizar de alguna manera esta creencia, dotándola de personalidad propia y convirtiéndola en hacedora de lo bueno y lo malo como respuesta a todas las preguntas sin resolver. De nuevo mirándonos el ombligo y creyéndonos únicos y sobre todo protagonistas en nuestro minúsculo planeta, que gira como otros miles de millones alrededor de estrellas en innumerables sistemas solares y galaxias a lo largo y ancho de un universo al que ni se nos antoja admisible encontrar un fin.

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Algo tengo claro, y es que respeto la fe inherente al ser humano, pues de ella depende nuestra estabilidad emocional; es el precio que debemos pagar por ser conscientes de nuestra existencia. Entonces, si hay personas que prefieren no hacerse preguntas y vuelcan su fe en diferentes tendencias religiosas, dando así cobijo a sus temores; mis respetos. Si hablamos de amor, del bien por encima del mal, del karma, de un crecimiento espiritualidad como meta, de encontrar la luz, la verdad; mis respetos. Pero si convertimos las religiones en métodos de control, gestión de poblaciones, manipulación de masas, guerras, conflictos o adoctrinamientos radicales, pierden toda su fascinación y credibilidad, porque estas versiones son interpretaciones humanas envenenadas por el poder y la avaricia que sólo el hombre es capaz de despertar. Está tan lejos de ese todo del que vengo hablando, que Dios pierde su significado por completo, diluyéndose en arcaicos defectos humanos, tan imperfectos y dotados de taras, que sume las religiones en el pozo de la ignorancia y la involución.
La ciencia no se alejaría tanto de la fe, si las religiones no se empeñaran en ser únicas e irrefutables. Si tomáramos conciencia de ser un pedacito de la creación, una ínfima parte del intercambio molecular a una escala imposible y en un espacio y tiempo por determinar…
El ostracismo mental solo nos lleva a la desidia por saber y avanzar en la búsqueda de cuestiones vitales para entender la vida y el hueco que ocupamos en ella.
Termino con la respuesta que dio el mismo Thomas Henry a la pregunta que formuló el obispo de Oxford Samuel Wilberforce en uno de los primeros debates de relevancia en 1860 sobre la evolución de las especies intentando ridiculizar sus teorías: ¿es usted heredero del mono de manera paterna o materna?
He aquí la réplica:
«Si tuviera que elegir por antepasado, entre un pobre mono y un hombre magníficamente dotado por la naturaleza y de gran influencia, que utiliza sus dones para ridiculizar una discusión científica y para desacreditar a quienes buscaran humildemente la verdad, preferiría descender del mono.»
Thomas Henry Huxley

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